sábado, 18 de abril de 2015

EL JUEGO DE LA POLÍTICA E IDEOLOGÍA

CAPITULO VII
  “No conozco mejor repositorio de la verdad que el pueblo”
(Thomas Jefferson)


¿Qué es Socialismo XXI? ¿Por qué se está practicando la partidocracia y  neoliberalismo? 
En el proceso de estudio he revisado varios videos de Rafael Correa, varias de sus trasmisiones radiales de los días sábados y me di cuenta que los términos que usa el presidente nunca definen en realidad el socialismo XXI, tampoco habla de los planes concretos y objetivos. Igualmente, los miembros de su gabinete y los líderes del partido no han podido explicar la doctrina. A menudo Correa rehúsa responder o explicar las decisiones del gobierno y recurre al insulto contra cualquier posición que se oponga a la creciente intervención del Estado en la economía, industria y la vida misma de todos los ciudadanos. Así como también la reacción a quienes se opongan a los amplios y excesivos poderes que pretende el ejecutivo. Así, al analizar las medidas y políticas que usa el gobierno se puede ver que lejos de socialismo, se está practicando un marxismo con expresas connotaciones de la partidocracia y el neoliberalismo. Analicemos el verdadero concepto de “partidocracia” y de “neoliberalismo”.

La Partidocracia
Me atrevo a decir que lo usan sin siquiera saber el concepto de dichas palabras. Por eso precisa demostrar quien está practicando la PARTIDOCRACIA en Ecuador. 
De acuerdo a Michael Coppedge, dice:
“Podemos calificar la partidocracia como una desviación del papel que corresponde a los partidos políticos en la democracia representativa”
Inicialmente el término fue utilizado para describir los regímenes de corte socialista o simplemente autoritario, los cuales se identifican por un sólo partido de preeminencia que conduce la vida política del estado.
Rosa Luxemburgo es precisamente quien utiliza por primera vez el término en una discusión con Lenín sobre la predominancia absoluta que los bolcheviques acordaron al papel del partido en la conducción del Estado y la sociedad.  En una brillante predicción, Luxemburgo concluyó que eso causaría la inevitable muerte de la democracia socialista y la “brutalización de la vida pública” (Luxemburgo, 1961, p71). Sin embargo, a pesar de lo que sucedió en la URSS y en el resto del “mundo socialista” con el ascenso de Stalin al control del partido, no se lo caracterizó como partidocracia, sino simplemente de dictadura, autoritarismo o, en algunos autores, de partidolatría y el énfasis se ha puesto en la concepción verticalista del ejercicio del poder y en su carácter represivo, más que en la abusiva extensión del papel del partido. Por ello no se califica de partidocracia solamente a los regímenes de partido único, por más que ellos expresan el problema en forma paradigmática.
Pero si se puede apuntar qué suceden en estas circunstancias:
1.- Monopolio de nominaciones: En la partidocracia, el partido en el poder se concede el derecho y exclusividad –de hecho o legalizada de crear todas las nominaciones para cargos de elección popular. Tal como se logró la mayoría de la Asamblea Constituyente. La postulación de candidatos a cargos de elección popular es considerada como negocio exclusivo de los partidos políticos, una especie de “estanco político” que el Estado le confiere a los partidos y de esa manera, no sólo los dota de un enorme poder (la posibilidad de excluir a ciudadanos del derecho a ser electos), sino que le permite a los partidos garantizar sus intereses, postulando a los cargos públicos a personas que no se convertirán en una amenaza a los mismos, una vez adquieran el poder a través del voto popular. 
A lo anterior, en varios países se añade que el sistema de emisión del voto es de voto por partido y no por candidato; el elector únicamente tiene la opción de marcar la bandera del partido y no puede expresar preferencias por determinados candidatos dentro de los propuestos por el partido; de esta manera, se proyecta la imagen de que el elector está optando por partidos y no por personas y se refuerza el monopolio de nominaciones por parte de los partidos. Esto es exactamente lo que esta haciendo Correa en Ecuador. Es más, se pretende llegar al caso extremo de consagrar explícitamente el monopolio partidario de la representación popular.
Indudablemente, esto fue otra muestra de cómo opera Correa, prácticamente a diario Correa acusa y habla de la necesidad de terminar la partidocracia en Ecuador, cuando se la está practicando más que nunca.
Cuando en Ecuador se debe luchar por “independencia” de los partidos donde se debiese permitir presentación de candidaturas no provenientes de los partidos políticos mediante la constitución de comités cívicos. Se trata de un correctivo saludable a la tendencia de los partidos a monopolizar el acceso al puesto público.

2.- Control sobre representantes electos: El nivel de disciplina partidaria al que son sometidos los representantes electos se convierte en otro indicador del nivel de partidocracia en un régimen político.
Esto es tan evidente en el gobierno de Correa, que se llegó al extremo de pedir que se le expulse de su puesto en la Asamblea a Diana Acosta porque rehusó a que no se haga mención alguna de Dios en la constitución.
Una Constitución digna de un pueblo verdaderamente democrático y libre debería garantizar la independencia de los asambleístas, sin esa independencia la Asamblea Constituyente y el futuro congreso y sus legisladores no son representantes del pueblo como tal, y terminan siendo representantes en nombre y marionetas del mandatario en la realidad.
Haciendo honor a la teoría clásica del mandato libre que es principio mismo de la democracia, se debe garantizar la independencia; sin embargo, ha quedado en evidencia que en Ecuador está sucediendo todo lo contrario, principalmente por parte y presión del partido del gobierno que casi invariablemente, el agrupamiento partidario hablan a “nombre del partido”.
Estos dos factores empujan a un creciente control del partido sobre las temáticas legislativas o municipales. Los asambleístas y los futuros diputados del partido de gobierno por ahora demuestran que deben “seguir la línea” del partido ya no solo en las cuestiones planteadas en la asamblea, y en las promesas que presentaron como programa de gobierno durante la campaña electoral, sino en prácticamente todas las decisiones que se deban tomar en el órgano constituyente o Legislativo; de tal manera que la norma es acatar la disciplina partidaria. Lamentablemente, no hay ni siquiera señales de que los asambleístas del partido puedan, al menos por excepción y por decisión expresa, quedar en “libertad” de votar según su conciencia. Nuevamente es Rafael Correa quien está forzando la partidocracia en Ecuador y no al contrario.
Una extensión extrema de este control es el caso de las legislaturas donde aquellos miembros que no se conforman a la línea de partido no sólo que pueden ser expulsados del partido, sino, y por consecuencia de esta expulsión, privados de su curul en la asamblea constituyente o en la futura legislatura.
Esta situación se está dando en Ecuador, determinando un grado de control del gobierno sobre la Asamblea Constituyente al extremo que para todo propósito, la llamada oposición es inexistente pues ya que los números de asambleístas de oposición son tan escasos, sus votos no tienen consecuencia alguna. Con esto lamentablemente se elimina la voluntad de los electores y se destruye la posibilidad de aprobar leyes de consenso nacional en un país pluricultural que ha terminado secuestrado por la partidocracia que Correa tanto pregona de oponer.

3.- Patrimonialismo partidarista: Una de las características más salientes y criticadas de los partidos políticos son sus prácticas patrimonialistas, entendidas estas como los diversos mecanismos mediante los cuales los partidos políticos hacen uso de su posición institucional para apropiarse y/o repartirse recursos o partes del gobierno. El patrimonialismo implica una percepción de la política en la que la distinción entre partido y Estado, entre actividad partidaria y actividad gubernamental queda desdibujada y el gobierno es percibido y tratado como una extensión del partido, o como un botín que se obtiene mediante la contienda electoral.
En los regímenes autoritarios es a través del dictador o del partido único que se produce este fenómeno; en los regímenes de democracia representativa es, principal pero no exclusivamente, a través de los partidos políticos del poder que se desarrollan estas actividades.
El grado de patrimonialismo partidista varía de país a país; desde aquellos en que el partido que gana las elecciones procede a despedir al mayor número posible de servidores públicos para sustituirlos por los militantes propios “que han sudado la camiseta”, hasta los “acuerdos” de fracciones legislativas de integrar una mayoría a cambio de trozos de instituciones estatales, que pasan a ser cotos de empleo y manejo del partido que ha dado los votos en la Asamblea ya sea para pasar un mandato o nueva ley propuesta, o para elegir a un funcionario.
A esta actitud y práctica de los partidos corresponde una “cultura cívica” en la que la práctica política partidaria es percibida por los activistas como un medio para conseguir empleo o determinados beneficios por parte del Estado: se ingresa al partido “para conseguir algo”, el puesto público se merece como recompensa “porque sudé la camiseta”.
Los partidos políticos se convierten así en agencias de empleo y la posibilidad de construir una burocracia racional y eficiente queda relegada.
Desde la perspectiva de la sociedad civil, este tipo de prácticas partidarias son especialmente rechazadas, generan la percepción de la partidocracia como la enfermedad de la democracia e incitan a actitudes anti-partido político.

4.- Partidización de la sociedad civil: En la partidocracia el horizonte de la participación política está circunscrito a los partidos políticos; esto quiere decir que la relación entre partidos y organizaciones de la sociedad civil se desarrolla como una relación asimétrica, en la que el partido es el polo dominante y tiende a partidizar las organizaciones sociales, de tal manera que éstas o quedan “alineadas” a un partido político o son el campo de batalla en el que los partidos luchan por controlarlas, produciendo graves divisiones en su interior. Por otro lado, para las organizaciones sociales la vinculación o adscripción a un partido político se convierte en requisito de eficacia y en algunos casos de supervivencia. En forma similar, se produce esta tendencia de los partidos a “capturar a la sociedad civil” a nivel de los medios de comunicación social que se encuentran o controlados, o profundamente orientados por las posiciones partidaristas. No se trata de la “uniformidad” de la información tan característica de los regímenes autoritarios, sino que, aceptando la existencia de un pluralismo de la información, los medios quedan vinculados o subordinados a los partidos políticos.
El resultado es que en regímenes democráticos con partidocracia el tejido social (sociedad civil) tiende a perder su autonomía y se ve enfrentado a un dilema negativo: o se adscribe a un determinado partido político o se abstiene de participar en la política; encerrándose en sus tareas “técnicas”. De esta manera, el abuso de la función política por parte de los partidos políticos tiene como correctivo la tendencia a una despolitización extrema de organizaciones sociales. El resultado es que ambos trazos devalúan la calidad de la democracia.
Esta es la realidad de Ecuador, hoy más que nunca estos cuatro indicadores de partidocracia están en vigencia en el país.
Aquellos que quieren mantener una patria libre, independiente y democrática debemos luchar contra esta deformación partidocrática de que adolece este sistema político y, sobre todo, por el peligroso camino que se trata de inducir al país. Estas posiciones del gobierno central están muy lejos de la convicción de restaurar la sanidad democrática del sistema político. Este sistema socialista impuesto por la CIA degenera a la sociedad a ser sirviente de los intereses del partido. Se va eliminando la oposición, se va reduciendo la capacidad del derecho democrático. 
En síntesis, la noción de partidocracia, implica la tendencia de este régimen político  que se expresa claramente en la evolución del clientelismo político. La tendencia a apoyarse cada vez más en el Estado, a invadirlo, o para usar la expresión de Katz y Mair, de constituir el “Partidocartel” (Katz y Mair: 1995), tendencia que refuerza la ya existente en nuestras sociedades de utilizar canales no económicos para la obtención de recursos de subsistencia, dado que las posibilidades de hacerlo por las vías propiamente económicas son reducidas. 
Finalmente, la partidocracia expresa la debilidad de las instituciones políticas de nuestros procesos de democratización, ya sea en su versión restauradora o de incipiente construcción.
Sin embargo, es extraño que Correa y sus seguidores esgriman partidocracia como vocablo de uso creciente en su lenguaje político, por lo general con una connotación despreciativa y aludiendo a un estado de “enfermedad” del régimen democrático ecuatoriano que él y solo él pretende que puede cambiar, a pesar de ser precisamente Rafael Correa quien está practicando más que nunca la partidocracia. Si bien es por necesidad porque el proceso a largo de plazo de socialismo XXI debe desembocar en la guerra civil, entonces la partidocracia garantiza la batalla de esos dos grupos, porque la partidocracia no puede dar otro resultado que “O estas con el gobierno o estas en contra”, con ello la línea a cruzarse a sido marcada. Socialismo XXI desde ya garantiza la batalla que deberá ser librada.
Si en Ecuador tenemos la esperanza de la evolución del Estado moderno entonces no podemos dejar al país caer en manos de un falso socialismo depredador de las naciones. No podemos permitir las riendas que dirigen al país a aquellos que están dispuestos a usar la retórica para las masas y el yugo para todo el pueblo. El caballo de Troya está practicando la partidocracia, que no es otra cosa que la deformación de la democracia. El concepto surge en el contexto de la discusión de las relaciones entre sociedad civil y sociedad política, y alude a una abusiva apropiación de espacios políticos por parte de los partidos políticos en nuestra sociedad. La partidocracia está siendo usada como mecanismo para implementar el socialismo creado por la CIA.

El Neoliberalismo

El neoliberalismo ha sido usado como arma cíclica contra nuestras naciones. Socialismo XXI es la primera fase del nuevo neoliberalismo a desatarse en los próximos años. Para entender lo que propongo aquí debo mencionar los hechos históricos. Lamentablemente, dejamos pasar desapercibido el hecho que en nuestros países ya hemos tratado todo. Las nacionalizaciones que ahora proponen Chávez, Morales, Correa no son nada nuevo. La CIA ya implementó las mismas medidas en las décadas anteriores. El gobierno de Rodríguez Lara en Ecuador nacionalizó el petróleo, los minerales y los recursos naturales. El gobierno de Pinochet en Chile tomó medidas similares, y Brasil implementó eso y mucho más con sus gobiernos militares, varios gobiernos latinoamericanos ya vivieron un proceso de naturalización de los recursos. No es nada nuevo.
Igualmente, las propuestas de empresas estatales que estén a cargo de la explotación de recursos, de la industria minera, de servicios eléctricos, etc. De la misma forma, en Ecuador y otros países hace décadas se nacionalizó los teléfonos, los ferrocarriles, las aerolíneas aéreas. La formula no debería ser olvidada, y es que no es nada difícil para los sirvientes de planes extranjeros el crear las empresas y compañías para vender las propuestas que ellos trabajan para el pueblo, las masas responden con su apoyo y ansiosos aplauden porque se les promete grandes perspectivas. 
La realidad es que sin capitales de inversión, sin tecnologías avanzadas, sin ingenieros entrenados en dichas industrias, sin planeamiento alguno, porque en el caso de Ecuador Correa congeló las actividades mineras por seis meses tan solo para diseñar una nueva ley minera. Mientras, el estado se endeuda en enormes sumas para poder construir la infraestructura y pagar los elevadísimos costos de servicios a compañías extranjeras.
El propósito es reorganizar las concesiones y tomar control total y absoluto de ellas. Se crearán las empresas pero no existe posibilidad alguna de que logren lo que el gobierno promete. Su propósito es que fracasen totalmente, pero cuando hayan construido la infraestructura necesaria, solo entonces un nuevo neoliberalismo nacerá, las compañías estarán al borde del colapso económico, estarán inundadas de deudas que el estado pagará con prestamos suministrados por Estados Unidos, o el Banco Mundial, o el Banco Interamericano de Desarrollo, siempre y cuando el país cumpla las condiciones que le exijan. Entonces asomara el Fondo Monetario Internacional con nuevas medidas de austeridad y condicionará a que se rematen las empresas estatales para aprobar un nuevo préstamo que le mantenga vivo al paciente, se privatizarán nuevamente las industrias. Para entonces, la gente se convencerá que Correa estaba equivocado, mientras Rafael Correa seguramente estará disfrutando una cómoda vivienda cerca de la Universidad de Harvard o en algún lugar en Bélgica. 
Cabe mencionar que muchos de los estudios mineros del país que permitieron incentivar la inversión en la minería se realizaron con donaciones de Francia, Canadá y otros países. Luego la fase de exploración ha sido hecha en su mayor parte por empresas canadienses. Con estas expropiaciones de concesiones se abre la puerta para que eventualmente Estados Unidos controle lo que otros gastaron en descubrir. La gente está siendo burlada cuando se le miente que es el país quien controlará el sector minero. Simples trucos financieros lograrán manufacturar la enorme caída del precio del petróleo, del oro y de la plata que obligará a los países a recurrir a venderlo todo por nada.
Esto nos lleva a otra razón por la cual se implementa las nacionalizaciones. La necesidad de infraestructura. En la misma forma que la década de los setenta las nacionalizaciones hicieron que las naciones paguen los enormes costos de infraestructura, construcción de puentes, carreteras, electrificación que requiere la explotación de los recursos. Una vez que eso se realice, entonces los gastos que eso conllevan harán necesarias las ventas y privatizaciones de las compañías y empresas estatales.  
Chávez y Correa han sido demasiado obvios en sus intenciones. Precisamente se ha realizado una campaña concertada en todo Latinoamérica contra el neoliberalismo, con el firme propósito de preparar a las masas a aceptar las medidas de Chávez, Morales y Correa. Después de todo, el neoliberalismo es una doctrina económica y política que considera contraproducente el intervencionismo estatal en la economía y defiende el libre mercado como mejor garante del equilibrio y el crecimiento económico. 
El neoliberalismo en Inglaterra fue la reducción de déficit fiscales, la reducción de impuestos para impulsar la industria e inversión, la reducción del aparato burocrático y la liberación de los mercados. 
El problema en Latinoamérica es que se percibe el neoliberalismo como una política depredadora donde los monopolios reinan supremos sobre los estados. Pero el fracaso de la doctrina neoliberalista en nuestros países es más bien porque jamás se ha permitido que sus ciudadanos participen, jamás se hizo la inversión apropiada para hacer partícipe a la sociedad en la creación de industrias. Si los países latinoamericanos reformaran las leyes y permitieran la formación de cooperativas de inversión para participar como accionistas minoritarios en grandes proyectos, si crearán las  oportunidades de participación de los ciudadanos, creando garantías para inversión responsable, los préstamos para ser parte de la industria, las bajas de intereses necesarias para permitir el desarrollo económico, y los estados nunca deben renunciar a actuar como socios activos en todas las industrias, deben conservar al menos un 35% de propiedad, evitando que los monopolios reinen supremos y creando la participación del país en la distribución de la riqueza de los recursos del estado, y de los servicios vitales del país, sean estos eléctricos o telefónicos. Así es muy posible que hubiera diferentes resultados. Entonces se crearían las condiciones necesarias para la participación de los latinoamericanos al menos como inversionistas minoritarios, el estado como accionista garante y dueño del recurso, los inversionistas extranjeros y las multinacionales como los accionistas que proveen el capital y la tecnología. Entonces podremos vislumbrar un mejor futuro y una participación justa en la distribución de riquezas.
Lamentablemente, la versión Latinoamericana fue vender las compañías estatales a los monopolios sin crear competitividad y sin mantener un porcentaje de propiedad e inversión por parte del estado. Eso fue por diseño mismo de la élite que controla el mundo por intermedio de la manipulación depravada del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, y los otros organismos que siempre presentan soluciones donde el perdedor es siempre Latinoamérica y el pueblo. 
Ahora se pretende usar el mecanismo viejo que antes se utilizó durante los gobiernos militares para conducir el desarrollo de la infraestructura necesaria para la explotación de recursos. El único fin es que los Estados hagan el gasto de infraestructura, cuando eso haya concluido entonces la nueva rifa de empresas estatales se implementará. Entonces el BID, FMI, BM se inventarán los nuevos libretos para no aprobar préstamo alguno, hasta que nuestros países sean partícipes del nuevo “Wheel of fortune- rueda de la suerte” donde las multinacionales serán las ganadoras y nuestros países siempre terminen en el “pierde el turno o bancarrota”. 
En Latinoamérica se ha vuelto común usar el término “neoliberal” como etiqueta ideológica acusatoria para detractar a aquellos que favorecen las políticas económicas liberales.  Pero en realidad, el neoliberalismo no es ni una teoría económica concreta, ni es una filosofía política unificada. 
En el caso concreto de Rafael Correa es muy frecuente el uso de la palabra neoliberalismo como etiqueta falsa contra sus adversarios imaginarios o existentes para descalificarlos sumariamente, mientras se define a sí mismo como "liberal clásico", tal como lo hizo cuando mencionó ser creyente de Tocqueville.
El neoliberalismo es una propuesta originada en la Escuela monetarista como Milton Friedman, que ha finales de los años 70 buscaron una respuesta al fracaso del keynesianismo en la crisis de 1973
En efecto, en la década de los setenta se culpaba a los preceptos keynesianos de ser los culpables de: El enorme déficit presupuestario, los elevados números de desempleo; la epidemia inflacionaria mundial (estanflación). Sin duda este estudio no tiene la intención de discutir los procesos, doctrinas, filosofías económicas, por ende no voy a profundizar en explicar las características del neoliberalismo. Pero al mismo tiempo, incluyo un breve análisis de cómo el socialismo XXI propuesto por Chávez en Venezuela y Correa en Ecuador no pueden crear los resultados que prometen, porque en la economía globalizada los países son dependientes de medidas económicas de otras naciones.

Socialismo XXI en Ecuador y sus resultados

El Socialismo del siglo XXI nace con la obra del mismo nombre donde se expone un modelo teórico de conceptos ideados por Heinz Dieterich Steffan. Aunque la obra fue escrita en 1996, el responsable directo de difundir la obra y revelar el asesoramiento del autor a su gobierno es el Presidente de Venezuela, Hugo Chávez en el año 2005 donde Chávez anunciaba su “revolución bolivariana” desde el V Foro Social Mundial.
Convengamos primeramente que Dieterich hace tributo desenfrenado a Marx y Engels, a quienes otorga ser poseedores de una genialidad científica  no existente nunca antes. Es más, las propias palabras de Dieterich parecen inferir que se auto enviste de poseer el regalo extraordinario que –según él- solo las más grandes mentes pueden comprender, cuando dice:
“Sólo en los últimos años, la audacia de Marx y Engels de desafiar la ilimitada autoridad del modelo científico dominante, empieza a encontrar su reconocimiento en las mentes más lúcidas; porque con Einstein, Heisenberg, Planck, et.al., hemos comprendido ….lo que Hegel, Marx y Engels llamaron «dialéctica"” Dieterich continua hasta al punto de llamar sus obras “libros sagrados”. Es posiblemente el único ser viviente que considera así a las obras de Marx y de Engels, Dieterich dice, “Mientras los "socialistas de cátedra" se agotan en la exégesis de los sagrados textos de los fundadores, se les olvida el alfa y omega de la filosofía de la praxis de Marx y Engels”. 
Por ende, no debe caber duda alguna que su obra Socialismo del Siglo XXI es un intento de rescatar las doctrinas caducas y la visión de Karl Marx sobre la dinámica social en la lucha de clases. Concientemente, he decidido no involucrar algunas obras que proponen que Marx y Engels fueron comisionados para escribir el manifiesto comunista por miembros de la élite financiera que domina el mundo. Pues está en récord que el término “comunismo” nunca antes fue usado hasta una reunión de la élite financiera, cuando aparentemente uno de los Rothschild había dicho “el comunismo vendrá pronto”, dos años antes de la publicación del manifiesto comunista. 
No debemos hacernos ilusiones de que el Socialismo XXI es la nueva gran doctrina que entregará soluciones para nuestros pueblos. Socialismo XXI es el renacimiento del comunismo y marxismo, pero esta vez dominado explícitamente y controlado por la élite financiera mundial. Es imposible evitar responder una interrogante, ¿Estados Unidos, la CIA, el Departamento de Estado no saben acaso de este antecedente y no han hecho nada al respecto? Se debe ser sumamente ingenuo para creer que con 3.5 trillones de dólares del presupuesto de las organizaciones de inteligencia del Tío Sam no sepan qué es Socialismo XXI y lo que propone. O en su defecto, debemos considerar la posibilidad de que Socialismo XXI es una creación de la misma élite financiera, de los mismos sociólogos que participaron en el proyecto Camelot, es la reinvención del comunismo y socialismo a la americana. 
Sin recurrir a establecer los paralelos sospechosos que Dieterich publicó su obra en 1996, donde enseñaba desde más de una década en la Universidad Autónoma del Distrito Federal de México, la misma que también sirvió de sede para el proyecto Camelot en ese país, cuando se estudio el proyecto Camelot en décadas anteriores. Sin siquiera tratar de descubrir las coincidencias que los cinco mexicanos muertos en el campamento de las FARC eran estudiantes de la misma universidad, no he logrado información si alguno o todos fueron sus alumnos. Sin saltar a conclusiones de la relación de Dieterich como asesor del gobierno de Chávez, encuentro interesante sin embargo, que Hugo Rafael Chávez y Rafael Correa han declarado repetidamente que son demócratas liberalista, y Dieterich ha dicho esto en referencia al Mercado y Democracia “constituye una cínica burla de las víctimas del "libre mercado" y de la democracia liberal que estamos sufriendo.” Entonces debemos hacer la pregunta si estos líderes entienden siquiera lo que es “Socialismo XXI” y si es así, por qué se mantienen posando como demócratas liberales. 
La obra de Dieterich (http://www.rebelion.org/dieterich/dieterich070802.pdf) pretende profundizar la teoría marxista y actualizarla al mundo de hoy, incorporando el desarrollo de las ciencias, la tecnología y las experiencias de los fracasados intentos de imponer una sociedad libre de explotación. Pero existe una grave contradicción en lo que expone Dieterich. Por un lado, el mismo lenguaje que usa en su obra insinúa que se necesita varios títulos universitarios en ciencias matemáticas para entender su postura, lo que conlleva a preguntar, ¿Cómo es entonces que Socialismo XXI es para las masas?

Dieterich denomina el modelo del socialismo XXI como El Nuevo Proyecto Histórico, con fundamentos en pilares estratégicos llamado el Bloque Regional del Poder (BRP). El propósito es lograr una integración económica y política de estados progresistas de la región (BRPP) para eventualmente crear el desarrollismo democrático regional, la economía de las equivalencias y la democracia participativa. Esto requiere de una coordinación continental de los movimientos sociales que apoyen a la implementación del socialismo del siglo XXI. A eso, se suma la colaboración igualitaria y solidaria entre los estados y los movimientos sociales.
Sin embargo, a mi criterio personal Dieterich es un cantinflas intelectual, dice tanto y escribe tan elegante que a la final no dicen nada, para muestra dos botones:
1)             Las posiciones unilaterales del empirismo y del racionalismo abstracto superadas por los conocimientos cada vez más exactos sobre la dialéctica —que rige la interacción entre sujeto y objeto en el proceso de intelección del mundo—, la discusión filosófica mencionada deja de tener sentido: para aquellos, que aceptan que la explicación, reproducción teórico-práctica y prueba empírica sistemática exitosa de un fenómeno mediante métodos científicos es demostración suficiente del carácter objetivo del conocimiento del universo.” 
2)             Al mundo empírico natural, organizado en el continuum "métrico" cúatridimensional, con relaciones de incertidumbre (Heisenberg) y relatividad, y cambios de estado de los sistemas mediante saltos cuánticos, sólo puede acceder perdiendo su carácter y método exclusivamente conceptual-reflexivo; haciéndose, en una palabra, ciencia.”
Para tanto verbo cualquier mortal necesita traductor, me reservo hacer mayor comentario al respecto. Pero me atrevo a preguntar, debemos ser ingenuos como para creer que las masas de trabajadores serían capaces de entender la verbosidad de Dieterich. 
El modelo económico que Dieterich propone estar en contra de la sobre explotación de recursos naturales y culpa a estas de ser las raíces de las asimetrías sociales. Pero esto no tiene sentido alguno, cuando en el caso de Ecuador por ejemplo la explotación minera como tal ni siquiera ha iniciado. Hasta hoy, Ecuador ha tenido una minería artesanal y bastante primitiva, por tanto, es errado culpar las asimetrías sociales de Ecuador en una industria que ni siquiera ha iniciado a gran escala en el país y no ha entrado en la fase de explotación como tal. 
Dieterich al mismo tiempo se opone a la dependencia de la oferta y la demanda que crea los precios del mercado y son el fundamento del capitalismo y de la economía del mercado. Dieterich propone una nueva economía de valores fundado en el valor del trabajo que implica un producto o servicio y no en las leyes de la oferta y la demanda. No existe explicación cómo se puede consolidar las realidades con lo teórico. Por ejemplo, si eso se aplica a la industria minera, cómo diferenciar entonces al trabajador de una mina de oro, donde la onza sobrepasa los mil dólares y un trabajador de una mina de plata, donde la onza es alrededor de $15 dólares, y así sucesivamente. Si se aplica la formula de valorar el trabajo y el servicio para determinar la economía de valores, cómo determinar el costo razonable para el trabajador. Este valor del trabajo se mediría según Dieterich usando la “Rosa de Peters”, la cual está supuesta a solucionar el problema práctico que implica la teoría de la Economía de valores: El tiempo de trabajo que precisa un determinado producto o servicio; además de los valores agregados a dicho trabajo, es decir, el tiempo de trabajo que se usó para producir las herramientas o servicios que se emplean en el trabajo mismo, lo cual a su vez, lleva a un ciclo complejo de tiempos de trabajo sumados recíprocamente. 
Dieterich, denomina que el énfasis en la ganancia y propiedad desvirtúan el sentido común de la economía. Según él, la economía debe funcionar en criterio de la productividad. Lo cual convierte al socialismo XXI en una ecuación donde el valor (precio) del producto se vinculará la equivalencia sobre los tiempos de producción y a la democracia participativa. De esta manera, la redistribución y los cambios a nivel de educación deberían recoger los intereses reales de las personas que estructuran y definen los sistemas político-económicos.
Para Dieterich, el socialismo del siglo XXI es la ampliación y profundización de la democracia participativa, según él, “Es donde alcanzará las dimensiones de lo cotidiano, lo estético y lo racional-crítico”, deben estar incorporadas al cambio social. Aunque nunca explica qué tiene que ver lo cotidiano y estético con la economía y política.
La ideología sigue reformulándose y el mismo Heinz Dieterich Steffan, llama a un debate al final de su obra.  Debo decir enfáticamente, que me parece sumamente sospechoso cuando un sociólogo alemán intenta rescatar doctrinas que para todo hecho y propósito, refundieron a las sociedades de la Unión Soviética, China, Vietnam, Corea del Norte a décadas de un experimento político económico que fueron un rotundo fracaso, por ello, intentar  practicar o poner en marcha el proyecto del Socialismo del Siglo XXI se convierte en un ejercicio suicida. El proyecto de Economía de Valores no es muy claro y su complejidad no determina ni siquiera las reglas bajo las cuales se debe catalogar ciertos tipos de trabajo, como el determinar del valor a especializaciones científicas y cuyo tiempo de trabajo no puede ser valorado de la misma manera que los trabajos no especializados. Tampoco considera el valor físico de producción energética por sobre el consumo energético de un determinado trabajo, los cuales son fundamentales en el desarrollo social, tecnológico y humano de una sociedad. Pero al igual que el comunismo, esta teoría pretende tener un alcance global porque no puede ser implementada en un solo país.
Siempre he pensado que existe una gran contradicción en los paradigmas elaborados por Marx y Engels, pues el sistema marxista dice que se basa en un modelo del Estado intervencionista y de bienestar. Pero precisamente he ahí la contradicción, porque la misma naturaleza humana en el momento que hay “intervención del estado” hay malestar, porque ello significa la regulación de la vida de sus ciudadanos. El humano se convierte en recurso no renovable del estado. El estado se vuelve propietario del ciudadano y hasta de su patrimonio cultural y genético. Eso es exactamente lo que intenta hacer el proyecto Camelot, el proyecto Socialismo XXI. 
En primer lugar, debemos definir las acciones de Rafael Correa antes de poder analizar lo que se pretende vender como el socialismo XXI, en el caso específico del Ecuador. Así, nos enfrentamos a una conflictiva definición de este gobierno. Lo que es sorprendente es que en definición nadie podrá decir que Correa es socialista:
Las decisiones de Correa se resumen así: 
                         Intervención del estado en todas las facetas de la economía.
 Aumento masivo del gasto fiscal y la creación de una enorme burocracia (de 15 a 23 ministerios, constantes referéndum, elecciones, creación de la Asamblea constituyente, creación de brazos del estado para ejecutar los mandatos y decretos etc.).
 Enorme aumento de impuestos en una complicada escala que impone drásticos impuestos y medidas de criminalización ciudadana a los evasores de impuestos.
      Aumento de la masa monetaria como instrumento para crear demanda agregada.
 Elevación del déficit presupuestario porque no se ha vendido en suficientes cantidades el bono de Ecuador que respalda la circulación del dólar.
                               Reducción de las contribuciones al sector provincial, municipal y estatal.
                               Centralización de las actividades económicas y los medios de control.
                               Crecimiento de la deuda externa.
 Enorme desarrollo en la creación de infraestructura, pero extrañamente contratando servicios de las multinacionales sin implementar leyes que obliguen emplear a sus propios ciudadanos, creando enormes gastos sin cambios al desempleo.
 Creación de empresas estatales que se involucren en todo aspecto: sea este minero u otra índole.
 Creación de leyes para beneficio de fuerzas externas tales como: Nueva ley de transito que impone seguros mandatarios con contratos fijos a compañías multinacionales. Nuevas leyes mineras y de hidrocarburos que ofrecen pagos garantizados del 100% a los servicios de las multinacionales. 

Nada de eso es socialismo y muy claramente obedecen a un plan “monopolista dictatorial”. Socialismo XXI es así un pretexto, y se convierte en el vehículo para llevar al Ecuador a la turbulencia política. De acuerdo a los estudios de los sociólogos que estuvieron involucrados en el proyecto Camelot se dice lo siguiente:
Hay tres fases distintas en la respuesta y reacción de un pueblo cuando se manipula a las grandes masas sociales. Primero, la respuesta superficial: La población recurre a eslóganes; esto no identifica la raíz de la crisis y por ende no hace nada para solucionar el problema. Segundo, es la fragmentación que se vuelve evidente en la sociedad. Esto ocurre cuando la crisis se vuelve evidente y el orden social comienza a resquebrajarse. Entonces llegará la tercera fase cuando la población comienza a darse cuenta y los diferentes grupos sociales terminan en dos campos, la total antipatía por el sistema y la gente se aleja del proceso, intentan desasociarse de los idealismos que les llevó a creer en el sistema o la otra opción es que la gente acepta la derrota y aceptan soluciones contrarias a sus intereses.
No puede caber duda que por la misma admiración expresada por Heinz Dieterich, el Socialismo Siglo XXI no es más que una nueva versión del comunismo, esta vez sin embargo, lejos de lograr ser aclamado por los ilustres “sociólogos”, la obra no logró reconocimiento alguno hasta diez años después, cuando Hugo Rafael Chávez dijo que gobernaba usando la obra Socialismo Siglo XXI, y que este era el libreto de sus políticas. Pero debemos tener mucha cautela de lo que se pretende con Socialismo XXI pues puede ser que se esté usando convenientemente los confusos paradigmas para implementar el proyecto Camelot, que coincidentemente Heinz Dieterich es uno de sus críticos. Marx y Engels, quiénes curiosamente trabajaron desde un museo en Londres crearon los Principios del Comunismo como un concepto global. No por ninguna increíble capacidad mental como sus fanáticos pretenden decirnos, pero porque obedecían órdenes de quienes les financiaron su investigación. Por eso el manifiesto comunista ya define décadas antes, que Rusia sería el lugar perfecto para implementarlo inicialmente bajo el argumento que es un país de “campesinos”, pero van mucho más allá cuando muy claramente preguntan:
“¿Es posible que esta revolución tome lugar en un sólo país? Ellos mismos contestan, “No. Es una revolución mundial y por eso tiene una dimensión global”. 
Pero el comunismo ha sido un fracaso total. Después de todo, durante el siglo XX casi el
70% de la población mundial estuvo bajo el dominio del comunismo (China, Corea, Unión Soviética, Cuba, etc.) y aunque estuvo en sus manos una enorme riqueza en recursos y la enorme riqueza de recursos humanos, apenas fueron capaces de controlar un máximo del 17% de la riqueza monetaria. Lo cual ha dejado el precedente de que la teoría de Marx y Engels no sirvió para el 70% de la población mundial. El resultado fue el colapso de la Unión Soviética, el subdesarrollo de China y Corea del Norte. Claro, los banqueros siguieron enriqueciéndose gracias al sistema pues fue gracias a ellos que financiaron la construcción astronómica de las carreras armamentistas, que los beneficiaba pues casi todas las grandes compañías envueltas en la construcción de armas son otro brazo de las mismas élites. 
Otro claro indicio que Marx y Engels trabajaron con propósitos y parámetros muy claramente definidos es cuando predicen las implicaciones revolucionarias de la teoría y el cambio significante que podían crear en el mundo entero:
La cosa más importante que ha ocurrido (en América), más importante aún que la Revolución Francesa de febrero (Francia 1848), es el descubrimiento de las minas de oro en California..(Como resultado) el centro de gravedad del mundo comercial..es ahora en la parte sur de la península Norte Americana”. 

Quizás se puede usar el mismo concepto para hacer una predicción correspondiente a nuestro mundo contemporáneo:
La cosa más importante que ha ocurrido en Ecuador, y la razón que se está implementando el plan de Camelot es porque el descubrimiento de enormes cantidades de Oro en la Cordillera del Cóndor, y la Cordillera de los Andes lo convierten en un centro importante para los intereses comerciales de esa élite financiera, porque no solamente existe oro, plata y cobre, hay uranio más petróleo de lo que se le ha informado al país.

El Fracaso del Socialismo

Las recientes declaraciones del presidente de Venezuela Hugo Chávez, deberían ser un llamado de alarma para todos nuestros países, especialmente para Colombia y Ecuador.  Chávez pidió sacar a las FARC y al ELN de la lista de agrupaciones guerrilleras y terroristas. No solamente pide que se las reconozca como organismos militares pero de hecho pide la legalización como partidos políticos.  ¿Acaso el mundo puede ignorar que tanto las FARC como el ELN mantienen a por lo menos 44 personas secuestradas y viviendo en condiciones infrahumanas? Las pretensiones de Chávez son descabelladas, son una falta de respeto a la dignidad humana.
Ciertamente vivimos en un mundo diferente donde la pornografía en el Internet es ampliamente disponible, donde hay una ciudad donde la prostitución y el adulterio son parte del negocio: lo que pasa en Las Vegas queda en Las Vegas. Pero pienso que nuestras sociedades y países solo pueden degenerarse cuando el presidente de una nación sur americana ignora el más sagrado respeto a la vida, a la ética y a la moral.  Los pueblos latinoamericanos debemos exigir a nuestros gobernantes el respeto a la vida, a la integridad y a la libertad de todo humano. Por esa razón, debemos repudiar las palabras de Chávez y más bien exigir que no se inmiscuya en los asuntos internos de Colombia y de Ecuador.
Las FARC y la ELN no solamente tienen y mantienen gente secuestrada, tienen secuestrada la paz de Colombia, su sociedad, sus comunidades. Mientras exista las FARC y la ELN ningún colombiano ni ecuatoriano (pues han secuestrado ecuatorianos también) pueden estar en paz. Ningún latinoamericano está dispuesto a obviar la naturaleza criminal de las FARC, ni vamos a ignorar que dichas agrupaciones viven dedicadas al narcotráfico de cocaína, crack  y heroína, aparte del negocio de secuestro humano. El Sr. Chávez olvidó que más allá de la frontera venezolana, la gente puede hablar libremente y expresar el repudio total a Chávez. Las FARC y ELN ciertamente son los mejores clientes de las dos nuevas flamantes fábricas de armas Kalishnicov del Sr. Hugo Chávez. Los pueblos deben de inmediato crear leyes que prohíban este elemento contaminador de ideas absurdas como las que ha propuesto Chávez. 
El renacimiento del socialismo en Latinoamérica y específicamente en Venezuela y Ecuador es bastante preocupante, cuando se toma en cuenta que las masas populares no saben ni siquiera el concepto de la doctrina socialista.  Como lo he demostrado anteriormente, el socialismo XXI es una teoría confusa y complicada. Por eso la prensa y los medios de comunicación deberían informar a los pueblos lo que realmente es el socialismo. En una reciente encuesta del diario El Universo de Ecuador, el 66% de las personas encuestadas admiten no saber que es la “revolución ciudadana” que pregona el mandatario Correa. Aunque es demasiado evidente que lo que Correa llama  revolución ciudadana es la implementación socio económica del socialismo en Ecuador. Pero bien puede ser ese sistema socialista que el proyecto Camelot tanto intentó crear.
La doctrina socialista trata de imponer un sistema socio-económico en el cual la propiedad, la riqueza del país y sus recursos son distribuidos sujetándose a controles centrales impuestos por el estado. 
En teoría, el socialismo es por el bien de la comunidad y se postula como un sistema donde el trabajador es quien está en control de la economía y la sociedad. Aunque esto nunca se da en la práctica. Teóricamente, este control puede ser dirigido por miembros de la comunidad o indirectamente por medio de consejos directivos (mesas directivas), pero muy claramente en el socialismo tanto de Chávez como de Correa se está siguiendo un patrón de socialismo soviético, donde todo era centralizado y controlado por un solo líder, primero Lenín después Stalin. Igual caso sucede en Cuba con Castro, en Corea del Norte con Kim Jong Il, en Venezuela con Chávez. Todos esos casos empezaron como un cambio democrático y se degeneraron en comunismo total. 
En los sistemas socialistas la producción se convierte en propiedad de la sociedad. Los recursos son nacionalizados y los trabajadores pierden su individualidad. Todos los entes gubernamentales se vuelven centralizados. El llamado socialismo XXI pretende o al menos promete crear una sociedad utópica. Sin embargo, el mundo entero está experimentando un alejamiento de las fracasadas doctrinas socialistas. 
Las secuelas de pobreza que dejaron las décadas de socialismo y comunismo en China, Corea del Norte, Cuba y todos los países de la Unión Soviética deberían servir de ejemplo que en cada uno de esos casos la supuesta revolución socialista evolucionó a un comunismo autoritario. Si ciertamente cambiaron la situación socio-económica de esos países, los resultados fue pérdida de libertades y deterioro económico para todos esos países. Cabe destacar que Venezuela, a pesar de estar disfrutando la enorme subida de precios del petróleo, consta como el peor país en ganancias en inversiones con nada menos que un 27% de pérdidas. El futuro económico de Chávez podría ponerse en deterioro ahora que la Exxon y Conoco Phillips han preferido abandonar Venezuela llevándose todos sus trabajadores, traduciéndose así en una enorme pérdida de inversión y pérdida de recurso humano con capacidad y conocimiento de la industria vital para la economía venezolana.
Varios países europeos están abandonando las premisas socialistas. La evidencia demuestra que los partidos socialistas han ido perdiendo el poder como en los casos de Italia, Francia y Alemania donde la gente se hartaron de los enormes impuestos, subsidios y gastos, combinados con altos índices de desempleo y el eventual colapso de las responsabilidades asumidas por el sistema socialista, aparte del bajo índice de producción, y extremados controles burocráticos que han resultado en el descontento de los pueblos. Así, se debe reconocer que el experimento socialista europeo está entrando en una fase de cambio. Los nuevos gobiernos europeos están realizando cambios que sin lugar a duda implica un alejamiento del sistema socialista, inclusive en Francia donde parecía ser el único país que se mantenía firme en el movimiento socialista.
Quizás debía ser obvio el fracaso del socialismo porque en el fondo el socialismo es un concepto y doctrina absurda. Por un lado, premia a quienes no producen y penaliza a quienes son productivos (a todo mundo se garantiza empleo, educación y beneficios, pero a pretexto de igualdad todo mundo debe ser uno más del montón). Penaliza a quien crea empleos y gana dinero con su propio esfuerzo, premia y libra de impuestos a los miembros inservibles de la sociedad que no contribuyen (enormes impuestos a quienes ganan altos salarios, el 35% en Ecuador, excepción de impuestos a quienes ganan menos de $5,000).
Los sistemas socialistas se basan en la distribución de la riqueza del país en programas sociales de subsidio (Se crea un grupo social que viven de estampillas, de bonos o subsidios sin que haya incentivo al trabajo o la educación). 
El centralismo de los gobiernos terminan creando burocracias ineficientes. Una muestra clara del socialismo es que crean excesivas regulaciones y organismos de control, dando origen a enormes burocracias que se alimentan de empleos de consumo. La burocracia ineficiente sin embargo, sirve para las estadísticas donde inicialmente el gobierno socialista puede mostrar creación de empleos. Aunque son trabajos no productivos. Trabajos productivos se consideran aquellos que generan riqueza, generan empleos, producción de nuevos materiales y productos, incremento en la producción, exportación, etc. 
La burocracia socialista vive y se reproduce como un parásito que se alimenta de ideas y conceptos sin generar riqueza alguna. Se consume enormes cantidades de dinero hablando de crear, implementar, el sistema socialista. Se convierte en un sistema endémico canceroso donde va enfermando todo el sistema. Esto ya se percibe en el gobierno de Correa. Los enormes gastos del gobierno de Correa no han servido en lo absoluto para la producción del país. Aunque su mandatario quiera justificarlo y ocultarlo como el gran triunfo de la “revolución ciudadana”. Pero al analizar el esquema se puede ver claramente el parásito que es la tal revolución ciudadana. Primero se llama a elecciones para decidir si se debe elegir una “asamblea constituyente”, luego se gasta más dinero para elegir la Asamblea, luego se gasta para construir todo un nuevo esquema para que este nuevo organismo funcione aunque tendrá existencia de solo 240 días, se crea todo un aparato superfluo donde aunque hay empleos la producción del país se anula porque el gobierno ocupa casi todo su tiempo en campaña, gran parte de personal ocupa su tiempo dedicados a la política, se abandona los ministerios de producción, finanzas, energía, minas, etc., todo se convierte en campaña. La gente está dedicada preocupada y distraída en crear los mecanismos de votación, después en los mecanismos de operación de la Asamblea. Si finalmente la asamblea constituyente logra redactar una constitución habrá nuevas elecciones para aprobarla, si se aprueba la constitución entonces habrá nuevas elecciones para un nuevo Congreso. Todo este gran cambio y los millones de dólares gastados son un ejercicio en el absurdo en un país que tiene 20 constituciones redactadas. Una más representa absolutamente nada para el país porque tenían constitución vigente y Congreso en primer lugar. La promesa es grande, el país no ha ganado nada. Simplemente tendrá una constitución socialista y un Congreso socialista camuflado de democrático.
Pero después de todos los millones de millones de dólares gastados, se ha consumido tiempo, energías y gente que deberían haber estado invirtiendo su tiempo al sector productivo de la nación. Así, se ve claramente que todo está postergado en Ecuador. No existen leyes porque todas las existentes están amenazadas con desaparecer porque Correa lo siente así. Por ende no hay inversión, no hay exploración minera, o peor explotación. No hay incremento en la producción de petróleo. No hay incremento en la producción bananera, cafetera, de cacao y de flores.  He ahí quizás el más grande absurdo de Correa. Este socialista tiene el mayor número de videos “personales” en youtube, todos hablando del “YO” y los demás ciudadanos son insultados, o son sus grandes amigos. Aparentemente estos videos son de carácter oficial, allí desmiente cosas mostrando como pruebas periódicos, hasta muestra cartas de lo que dijo alguien a otra persona (aunque me pregunto como obtuvo dichas cartas y si estas violan las leyes de privacidad o fueron obtenidas con el mismo mecanismo de Watergate). Todo para crear la imagen superficial que está haciendo algo, pero el presidente de una nación debe estar trabajando para el desarrollo productivo del país. 
Pero al igual que está sucediendo con el limbo del proceso político en que ha involucrado Correa a Ecuador, todo el gobierno y su burocracia tendrán los mismos efectos en el país. Se crearan regulaciones de tránsito, de impuesto, de control de precios, de planificación, etc. Todo sin embargo terminará creando empleos de consumo de la riqueza del país. 
Aunque el mismo presidente de la Asamblea Constituyente ha dicho que la ley tributaria aprobada es de carácter provisional, para su implementación se necesita crear un aparato burocrático. Mucha gente estará ocupada en redactar los mecanismos para implementar las reglas y regulaciones para los cobros de la ley tributaria. Otros estarán creando los mecanismos para los empleados y trabajadores del Servicio de Rentas. Otros estarán creando los mecanismos a utilizarse para cobrar, otros estarán creando los mecanismos para encarcelar a quienes no paguen, otros deben redactar los mecanismos para los que quieran protestar los errores que sin duda van a originarse. Todo esto sin embargo no es permanente, es en las palabras de Alberto Acosta “de carácter provisional”.
Este concepto se vuelve repetitivo en todas las esferas económicas. Se incrementa cuando se ponen regulaciones proteccionistas y más organismos son creados para controlar precios, inspeccionar, criminalizar al ciudadano y sin embargo, Correa pone énfasis que es importante sacar de la cárcel a quienes hayan traficado drogas porque las mulas en realidad no cometen un crimen, según él. Se incrementará la policía y organismos de control para encarcelar a quienes trabajen y tengan que pagar impuestos, y si lamentablemente cometen un error, tendrán que enfrentarse a la enorme burocracia que Correa quiere crear.
El socialismo crea regulaciones gubernamentales y limitaciones a los derechos civiles, comunitarios y legales. El socialismo crea gastos y responsabilidades. Eventualmente el socialismo impone excesivos impuestos a quienes lo pueden pagar y reparte migajas a los estratos pobres de la sociedad. Lejos de generar incentivos al trabajo y generar progreso, degeneran a la sociedad al vicio y la vagancia. Eventualmente el sistema llega al colapso porque como en el caso de varios países europeos, las promesas y programas sociales consumen más riquezas y demandan más impuestos. 
Los socialistas creen que esta doctrina del socialismo puede curar los males de la sociedad transfiriendo la riqueza de quienes perciben tienen la riqueza y el poder.  Estos movimientos políticos de Chávez en Venezuela, Correa en Ecuador y Morales en Bolivia pretenden crear su propia versión económica, pero son promesas que no pueden ser cumplidas. Sin contar que solo basta ver que China está implementando todo un sistema de mercado globalista y abandonando todas las premisas socialistas. 
Es demasiado evidente que el pueblo venezolano y el pueblo ecuatoriano tienen una vaga idea de lo que es en verdad el socialismo. Si bien se puede entender la atracción de las masas al socialismo, porque los partidos socialistas y líderes de estas agrupaciones venden la idea que el socialismo es “pro trabajador” se convierte en el antídoto popular, porque promete luchar contra los conglomerados, contra la industria, contra los poderosos y distribuir las riquezas. Igualmente, el socialismo promete educación universal y uniforme, seguro médico para todos, igualdad de salarios. Pero lo que dichos líderes no le dicen al pueblo es que la falla más grande del socialismo es que el país termina bajo el absoluto control  de su líder y de su partido. Así, esos países han terminado secuestrados a los caprichos de Kim Jong-Il en Corea del Norte, o Castro en Cuba, etc. 
La evidencia demuestra que el socialismo es un fracaso total, evidenciado en China, Corea del Norte y Rusia y todos los países europeos que adoptaron medidas socialistas. Deberíamos aprender de Francia. En un estudio demográfico entre la población de 18 a 30 años, la mayoría de los encuestados hablaba de que estaban hartos del sistema económico arcaico socialista. El desempleo en Francia de personas menores de 25 años es del 23,3% y el 40% de la población entre 18 a 30 años considera su situación difícil. La migración de franceses a otros países ha sido considerable en los últimos años.
El socialismo nunca menciona el fracaso rotundo que ha tenido en el estándar de vida de su gente. Especialmente en países latinoamericanos o es que alguien de Ecuador puede mencionarme los grandes méritos del gobierno sandinista en Nicaragua y las grandes riquezas de los cubanos viviendo bajo Castro.
Quienes padecen de miopía sin embargo, prometen la gran revolución ciudadana aunque obvian que el 66% ni siquiera saben a qué se refiere el líder que tanto predica los grandes méritos del socialismo. Así, el socialismo promete el poder al pueblo pero seis millones del pueblo ruso murieron por órdenes de Stalin. El socialismo promete igualdad, equidad y justicia pero Lenín ordenó el asesinato del Zar de Rusia, acaso el concepto se refería a que hasta los nobles pueden morir acribillados a balazos como perros. El socialismo promete transparencia en los manejos de la economía, pero nadie puede cuestionar los manejos de fondos de Castro en Cuba. El socialismo promete desarrollo económico, pero se caracteriza por subyugar al pueblo a la pobreza como Corea del Norte. El socialismo promete la igualdad de derechos de sus ciudadanos, pero ataca a todo aquel que se oponga al socialismo. 
Las mismas medidas de Correa son extremadamente contraproducentes para el país: Brevemente dos ejemplos:
Tomemos como ejemplo, si fuese a abrir una nueva fábrica de jugos. Supongamos que el costo de cada unidad es $1.00 y que el gobierno me impone el 25% de impuestos, esto se traduce a .25 centavos de impuesto. Ahora el precio sería nada menos que $1.25 porque los impuestos son también parte del costo de producción. Si deseo hacer solamente el 10% de ganancias eso sube el precio a 12.5 centavos solamente por el impuesto, el costo sería de $1.375. Pero a eso se debe sumar los constantes cambios de inflación, devaluación de la moneda, y todos otros factores. Así, debido a la intervención del gobierno, el costo de producción y de operación súbitamente exige un alto incremento en el precio de los productos. Eso sucederá a nivel de productos tanto nacionales como extranjeros.
Igualmente los impuestos a los negocios destruyen el desarrollo económico. 
Si tomamos las cifras de los nuevos impuestos y razonamos en cifras aproximadas sin tomar en cuenta muchos factores, podemos demostrar el enorme efecto que tienen los impuestos. Si una compañía gana por ejemplo unos US$125,000 dólares y se toma de este dinero solamente US$25,000 para distribuir a los inversionistas, y si se deja $100,000 en el negocio para expansión, para más empleados, más materiales, etc. Las ganancias se convierten en capital de inversión y no son “ganancias”. Si el gobierno carga impuestos del 35% en esos $100,000 lo que reduce es la cantidad de inversión, por ende menos producción, menos empleos, menos materiales o maquinaria.  
La verdad es que en el socialismo nunca pasa nada bueno. Se destruye la capacidad individual, se incapacita la industria, se resta competitividad a los ciudadanos y con ello al comercio, a la industria, a los científicos. Solamente en una sociedad verdaderamente libre y justa cada individuo puede desarrollarse y perseguir riqueza, progreso y lograr sus propósitos para el bien común. 
En una sociedad libre cada individuo cuenta porque la gente es libre de sus actos y viven dependiendo de su capacidad, de su producción de su contribución, de su intelecto y obtienen riqueza directamente proporcional a su esfuerzo. 
En Ecuador se pueden visualizar muchas de las características de esos fallidos experimentos socialistas.  Quizás deberíamos alarmarnos más aún cuando  Rafael Correa ha logrado implementar el cambio socialista más rápido que cualquier otro presidente, incluyendo Chávez. El socialismo de Correa lejos de respetar el trabajo, la integridad, el esfuerzo de quienes han creado industria, empleos, etc., ahora quiere crear la noción que si alguien tiene algo es porque le robó al estado, porque tomó ventaja del trabajador. Porque no pagó impuestos; o porque no sigue las leyes. Correa comete craso error en su plan porque Ecuador aunque es un país rico en recursos, no se puede comparar a la riqueza petrolera de Venezuela, que cuando Chávez tomó control tenía una infraestructura y mantuvo la inversión de las multinacionales por mucho tiempo, además que Chávez no siempre actuó en la retórica y aunque de frente decía una cosa, por atrás seguía haciendo tratados con las multinacionales. 
Toda nación es dependiente de su más preciado recurso, el recurso humano, porque es su gente quien crea riqueza. Si bien para Ecuador es un grave problema la fuga de capitales, también es preocupante la fuga de sus profesionales y gente capacitada. Se considera que más de tres millones de ecuatorianos viven en el exterior y las remesas de este segmento son una de los dos mayores ingresos del país. Correa ahí comete otro grave error. Por un lado habla de que quiere facilitar el regreso de los inmigrantes a su país, pero las nueves leyes tributarias que han sido aprobadas, por ejemplo, afectarían a los ecuatorianos que quieren regresar a su país. El salario promedio en Estados Unidos es de US$43,000 dólares. Si una persona ha comprado su casa y al venderla obtiene unos US$150,000 dólares, súbitamente si fuese a regresar a Ecuador, tendría que  pagar enormes cifras de impuestos, cuando otros países ofrecen incentivos. Típico del socialismo, terminaría siendo penalizado por haber triunfado en otro país y terminaría entregando un gran porcentaje del capital ganado en otro país. En otras palabras, serán penalizados por regresar a Ecuador. Al igual que su gente ya esta siendo penalizada por trabajar arduamente, por exportar, comercializar e incrementar la producción. El socialismo de Correa es la patria ya es de todos. Todos podemos vivir pobres y quien se esfuerce será penalizado. Mientras más ganes más impuestos. Mientras menos hagas el gobierno te entregará un bono de premio de treinta dólares al mes. El socialismo es una doctrina destinada al fracaso.  
El capitalismo es un sistema económico, político y social basado en el respeto a la propiedad privada, de negocios, e industrial dirigido a la creación de capitales basados en la inversión y la buena organización. La mayor debilidad del sistema capitalista está en que no entra en consideración el bien común de la sociedad. 
Sin embargo, la evolución del sistema financiero ha dado una nueva versión del capitalismo, la misma que se le puede llamar sistema económico del mercado. Una combinación del capitalismo y del estado de providencia que fue creado por los republicanos del Segundo Imperio Francés quienes criticaban la filosofía demasiado individualista del capitalismo en ciertas leyes  de materia social. Muchos de los países europeos como Noruega, Suecia y otros países, inclusive aquellos que tienen monarquías, han adoptado medidas por el bien social, lo cual no debe ser confundido con el socialismo. La noción actual de Estado de bienestar, corresponde al término inglés de welfare state, forjado en los años 1940, coincidiendo con la emergencia de las políticas keynesianas de posguerra, como contraposición al warfare state ("estado de guerra") de la Alemania Nazi. El sociólogo T.H. Marshall define el término como una combinación especial de la democracia, bienestar social y capitalismo. Otros lo identifican con el llamado Estado Social o incluso la Economía social de mercado. Ciertamente, la búsqueda de mejorar condiciones sociales no es lo mismo que el sistema socialista.
Este nuevo sistema está siendo practicado en Nueva Zelanda, Brasil, y en su propia versión China, la misma que está abandonando su experimento comunista. Se podría decir que ahora estas naciones practican un sistema económico, político y social basado en el respeto a la sociedad y al individuo al permitir la propiedad privada, y la propiedad mixta de compañías y negocios, al igual que industrias dirigidas a la creación de capitales basados en la inversión y la buena organización. De esta forma, se busca crear el mejor sistema para la sociedad cuando en el capitalismo se busca solamente lo mejor para cada individuo. 
Un claro ejemplo de cómo funciona este sistema se hace necesario. En Nueva Zelanda por ejemplo, se implementó este sistema porque no había la población para crear un sistema tributario y por ende no había forma de crear un sistema socialista. Al mismo tiempo, la riqueza de recursos hacía necesario la inversión extranjera, pero querían evitar la explotación de los recursos sin ventajas para la población, o daños al ambiente.